Nuevas ofertas de empleo para psicogerontólogo/as (Barcelona, Guadalajara y Vitoria)


A continuación puede visualizar varias ofertas de empleo localizadas con interés para los psicogerontólog@s.

Puesto                  Psicólogo/a Centro de Mayores
 Empresa y ciudad
VITALIA- Sant Just Desvern (Barcelona) 
 Descripción
Categoría profesional: Psicólogos

Turno: DiurnoDedicación: CompletaExperiencia: De 1 a 2 añosPoblación: Sant Just Desvern (Barcelona)Nivel de estudios: Estudios superioresOtros datos: Empresa líder en el sector ofrece puesto estable y agradable ambiente de trabajo.

 Fuente e Inscripciones  inforesidencias.com

reslava@vitaliaplus.es

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Localizadas nuevas ofertas de empleo para psicogerontólog@s (Barcelona, Lleida y otras ciudades)

Oferta de empleo psicologo residenciaA continuación puede visualizar varias ofertas de empleo localizadas con interés para los psicogerontólog@s.

Puesto                  Psicólogo/a Centro Geriátrico
 Empresa y ciudad
Centre geriàtric del Bages- Castellbell i el Vilar (Barcelona)
 Descripción
 Categoría profesional: Psicólogos
 Turno: Diurno
 Dedicación: Otra
 Experiencia: No indispensable
 Nivel de estudios: Estudios superiores
 Otros datos: enviar curriculum por email
 Fuente e Inscripciones  inforesidencias.com

Persona de contacto: Esperanza CifuentesE-mail: geriatricdelbages@geriatricdelbages.cat

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Articulo: «El envejecimiento activo favorece la calidad de vida y evita los riesgos del sedentarismo y la apatía» de Catalina Casimiro, actual tesorera de la A.E.P.G, publicado para Geriatricarea.

Artículo «El envejecimiento activo favorece la calidad de vida y evita los riesgos del sedentarismo y la apatía» de la actual tesorera de la A.E.P.G, publicado para Geriatricarea, el portal para los profesionales del sector geriátrico.

Catalina Casimiro Cruz, actual tesorera de la Asociación Española de Psicogerontología.

(Geriatricarea, 5 de Junio de 2019)

 

El envejecimiento de nuestra sociedad es evidente. Según datos del informe de Proyección de la Población Mundial de la ONU (2017), en el año 2050 habrá 2100 personas mayores de 60 años (frente a los 500 millones de personas mayores de esta edad que había en 1990). En España, la esperanza de vida ha aumentado desde principios de los años 90 entre 5 y 7 años.

2012 fue el Año Europeo del Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional, en el que se visibilizó el reto de afrontar la mejora de las oportunidades para envejecer activamente y vivir de forma autónoma, actuando en ámbitos como el empleo, la sanidad, los servicios sociales, la formación de adultos, el voluntariado, la vivienda, los servicios informáticos o el transporte. Se pretendía concienciar tanto sobre los problemas de este grupo de edad como sobre las posibles maneras de abordarlos. Pero, especialmente, se buscaba motivar a los responsables políticos de cada país miembro a establecer objetivos y líneas de trabajo en pro del envejecimiento activoy la mejora de la calidad de vida en la vejez.

                                       

El envejecimiento activo permite mantener nuestras capacidades durante el mayor tiempo posible, fomentando la autonomía e independencia personal

El proceso de envejecer conlleva numerosos cambios físicos y psicológicos que percibimos de diferente manera en función de variables como nuestra personalidad, salud, nuestras relaciones sociales o las expectativas que hayamos puesto sobre cómo queremos vivir esta etapa. La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento activo como “el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. (…) Permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras que les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia”.

Se concibe el envejecimiento desde un punto de vista global como la participación de la población mayor (de más de 65 años) en la vida social, económica y cultural de su comunidad pues, si bien merma con la edad el rendimiento físico en tareas que requieren velocidad y/o resistencia, se compensa esta dificultad con experiencia y conocimiento para abordar las cuestiones que se presentan en el día a día. Por tanto, para considerar el proceso de envejecimiento como “activo” es necesario tener en cuenta cuatro aspectos fundamentales:

  • Salud (física y psíquica)
  • Capacidad de aprendizaje durante toda la vida
  • Participación en la sociedad
  • Entornos seguros

Se debe entender esta etapa de la vida como un proceso positivo, en el que las personas mayores suponen un pilar básico de nuestra sociedad con mucho que aportar. El envejecimiento activo, considerado como una estrategia no farmacológica para envejecer de forma saludable ganando en calidad de vida, presenta, entre otros efectos beneficiosos, una influencia positiva tanto en variables biológicas como en aspectos psicosociales de las personas de edad avanzada.

Tanto es así, que se ha observado que la actividad física y psíquica regular en la vejez ayuda, por un lado, a la prevención de factores de riesgo asociados a enfermedades cardiovasculares (como el aneurisma o el infarto agudo de miocardio), a la funcionalidad física, favoreciendo el fortalecimiento muscular. Por otro lado, también se han observado efectos positivos sobre la salud mental puesto que favorece el mantenimiento de la función cognitiva, ayuda a la percepción de autoeficacia y mejora la autoestima, disminuye la incidencia de patologías como la depresión y la ansiedad y contribuye a la integración social, ya que incrementa las relaciones sociales tanto con iguales como con otros grupos de edad.

Es decir, a través de un envejecimiento activo se favorece una buena calidad de vida evitando los riesgos que conllevan el sedentarismo y la apatía, como:

  • Mayor presencia y peor pronóstico de enfermedades cardiovasculares
  • Aumento de la probabilidad de padecer trastornos del estado de ánimo como la depresión.
  • Pérdida progresiva de habilidades físicas que limitan las actividades básicas de la vida diaria como asearse, vestirse,…
  • Riesgo de aislamiento social.

Teniendo claro lo anterior, ¿qué podemos hacer si deseamos tener una mejor calidad de vida en la vejez?

  1. Llevar un estilo de vida saludable: ejercicio físico moderado y regular, alimentación sana, controles médicos y de enfermería periódicos.
  2. Ejercitar nuestra capacidad cognitiva: el reto de aprender cosas nuevas, por ejemplo, a utilizar un nuevo modelo de teléfono móvil, hacer uso de las nuevas tecnologías (tablet, ordenador, etc.), navegar en la red para buscar información que nos resulte interesante, compartir información con otras personas, organizar actividades significativas (tareas de economía doméstica, gestiones diarias en el banco, el correo, el ayuntamiento, el supermercado…). Es fundamental mantenernos a pleno rendimiento intelectual, entrenando a diario nuestras habilidades mentales.
  3. Fomentar las relaciones sociales: participando en programas de voluntariado, colaborando con asociaciones de tercera edad, viajando con los programas especialmente diseñados para disfrutar en esta etapa de la vida, participando en las iniciativas culturales de nuestro entorno, etc.
  4. Mantener una actividad diaria regular: comprar el pan, leer la Prensa, hacer la compra, mantener un pequeño huerto o jardín, pasear,…

Se trata de acciones sencillas que contribuyen a retrasar los efectos del envejecimiento encontrándose una relación positiva entre la vida activa en la vejez y la sensación de bienestar percibido por la persona mayor. El objetivo está claro: mantener nuestras capacidades durante el mayor tiempo posible fomentando la autonomía e independencia y garantizando la calidad de vida que tanto deseamos.

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Artículo: «Desarrollo de la resiliencia en las personas mayores» de la actual vocal de la A.E.P.G, Mayte Vázquez Resino para Geriatricarea

Artículo «Desarrollo de la resiliencia en las personas mayores» de la actual vocal de la A.E.P.G, Mayte Vázquez Resino, publicado para Geriatricarea, el portal para los profesionales del sector geriátrico.

Mayte Vázquez Resino, actual vocal de la Asociación Española de Psicogerontología.

(Geriatricarea, 5 de Junio de 2019)

 

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino”
Viktor Frankl

 

La resiliencia en la literatura científica

El concepto de resiliencia no es nuevo, aunque su estudio científico sea reciente, su realidad viene de antiguo. Revisando la literatura científica intentaremos describir los conceptos que ayudaron a su aparición. En la década de los 70, Anthony (1982) y cols. estudiaron a niños en entornos de riesgo, el objetivo era observar el desarrollo del niño antes de que aparecieran patologías, para “descubrir” en que grado y como moldeaban su vida ante lo riesgos afrontados, las vulnerabilidades y las inmunidades que aportaban esas situaciones, así como las defensas, competencias, capacidades y defensas desarrolladas para sobrevivir psicológicamente.

Fue entonces cuando se introdujo el concepto de vulnerabilidad y los estudios en esta área se han centrado ante todo en el riesgo que corren algunos niños de desarrollar patologías, pero también el de la invulnerabilidad, es decir el efecto de no desarrollar trastornos predichos ante las mismas situaciones de riesgo y de ahí que Anthony (1987) desarrollara una clasificación de cuatro categorías de personas: las “hipervulnerables”, las “pseudovulnerables”, invulnerables y las no vulnerables.

Siguiendo con las situaciones de alto riesgo, un estudio centrado en la pobreza, de Ruther y colaboradores (1975) con niños negros residentes en la isla de Wight permitió demostrar que la presencia de un solo factor de riesgo no aumenta la probabilidad de que aparezca un trastorno psiquiátrico, pero la presencia de dos factores la multiplica por cuatro.

El segundo campo de investigación, se refiere al estrés, Fortin y Bigras (2000) recuperan la definición de estrés de Lázarus y Folman, implicando a la resiliencia en “estrategias de ajuste eficaz” con el fin de mantener el equilibrio, externo o interno.

Resiliencia no significa solo recuperarse, es ir hacia adelante tras una enfermedad, trauma o un estrés, es vencer las pruebas y la crisis de la vida

El tercer dominio es el de los traumas. Según Bourguignon (2000), trauma designa un “acontecimiento interno que trastorna al sujeto con consecuencias inmediatas”, un trauma puede ser una guerra, un duelo, un maltrato, un incesto, etc., y la resiliencia juega un papel importante, partiendo de la no invulnerabilidad absoluta, sino de la inmunidad relativa ante los sucesos y periodos difíciles de la vida, demostrando que una cualidad no es fija, cambia según el momento y las circunstancias y también según los traumas y las construcciones psíquicas diferentes que realicemos de ellos, además de la interacción del medio y entorno social.

Por ello Cyrulnik explica que “la resiliencia es un tejido de punto “tricot” que une lana desarrollable a otra afectiva y social, subrayando la importancia de la reconstrucción positiva, no negando el pasado doloroso, pero si superándolo. El ejemplo más palpable de esta conceptualización del término, la podemos encontrar en el gran Victor Frankl, superviviente del holocausto nazi, el cual nos demostró, que el sufrimiento y el conflicto se pueden combatir mediante una combinación entre filosofía y conocimientos en psicología y es posible lograr un ajuste entre lo que se experimenta y el modo en el que se piensa en ello para no caer en la infelicidad.

Es admirable evidenciar este cambio de perspectiva en estos últimos años en el estudio de la resiliencia. No solo estudiar las carencias y debilidades y los medios de compensarlas, sino que empezamos a investigar las fuerzas y como usarlas, no solo examinamos la patología y sus consecuencias, sino la adaptación adecuada, observando, identificado y usando mejor los recursos que cuidar.

Por tanto, ¿qué es la resiliencia?

Aunque no existe una definición consensuada, en la psicología gerontológica, resiliencia no solo significa resistencia, sino que conlleva un aspecto dinámico que implica que la persona traumatizada se sobrepone, resiliar no es solo recuperarse, es ir hacia adelante tras una enfermedad, trauma o un estrés, es vencer las pruebas y la crisis de la vida, es decir resistirlas primero y superarlas después, en definitiva es la capacidad que permite a una persona, un grupo o una comunidad impedir, disminuir o superar los efectos nocivos de la adversidad.

En relación con las personas mayores, la resiliencia es un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos y que se combinan produciendo factores protectores ante situaciones difíciles; es decir procesos de invulnerabilidad ante situaciones de riesgo. Nuestro objetivo es determinar esos factores y esas fortalezas. Pasemos a desarrollarlo con más detenimiento.

La resiliencia en personas mayores. Un área abierta a la experiencia

Como se ha comentado con anterioridad, la resiliencia no se adquiere de una vez para siempre, si es precoz, puede mantenerse y reforzarse con un aumento de la autoestima, fruto del enfrentamiento y superación de los traumas, pero también puede modificarse e incluso hundirse debido a un estrés que supere la capacidad de resiliencia del sujeto, por ello se subrayan la importancia de los sucesos tardíos con esas capacidades de reacción de la persona.

Lemay (1999) nos habla del precio a pagar, en este sentido y a menudo se mencionan descompensaciones tardías e inclusos casos de suicidios tras vidas militantes, en estos casos nos preguntamos ¿Cuál fue el detonante que hizo fracasar el proyecto de vida y cambiar el sentido de vida?, para ello lo idóneo es estudiar desde la infancia esa capacidad y seguir su línea de vida con sus sucesos intercurrentes que puedan aclarar mejor el problema, lo cual es muy complicado, aún así los estudios están plagados de ejemplos de personas que han visto reforzada su resiliencia.

Una segunda cuestión que nos planteamos es más compleja. Cuando una persona mayor se enfrenta a un trauma grave ¿puede una persona cuya existencia ha sido un “largo río tranquilo” hasta la edad adulta, y aún después, encontrar en su interior recursos, para resistir y seguir viviendo y creciendo en la vida? Esta pregunta, aunque sea decisiva en una época de longevidad creciente y en que el peso demográfico, económico, social y sanitario de las personas mayores va en aumento, que sepamos, no ha suscitado muchos estudios ni interés siquiera, pero si que sabemos que existe una relación positiva entre la personalidad y el apoyo social y familiar que recibe esa persona y el trauma al que se enfrenta.

Existe una relación positiva entre la personalidad y el apoyo social y familiar que recibe esa persona y el trauma al que se enfrenta

Los traumas graves no perdonan a la tercera edad, sea una enfermedad, problemas sociales o una jubilación mal llevada, el deterioro físico o mental y la depresión se hacen más frecuentes ¿Cómo se puede ser resiliente en estas condiciones? Un trabajo suizo muy interesante sobre la experiencia de la viudez, (Grupo “Sol”, 1992) estudia 32 viudas de clase media, entrevistadas en Ginebra, y los resultados constatan que una infancia de la que se tienen “buenos recuerdos”, la superación de crisis -en la adolescencia, a los cuarenta- cierta sociabilidad y, recíprocamente, una“red sólida de apoyo afectivo” permiten llevar bien la viudez, aunque no se llene “el vacío de la ausencia”.

Los autores convienen en el interés de prepararse para “envejecer bien” y subrayan la importancia de la cultura, la apertura de espíritu, la diversificación de actividades desde antes de la vejez, para romper con la rutina, ser activo, abierto a los demás y preparar una vida con sentido, donde los factores de protección como los recuerdos de la infancia desarrollan dicha resiliencia.

No hay recetaslas actividades de voluntariado, potenciar aficiones y habilidades (modelo centrado en la persona), ser miembro en asociaciones o fundaciones, comenzar una actividad novedosa o de ocio: actividades culturales y artísticas, ayudan a mantener, incluso a desarrollar, las capacidades físicas y mentales de la persona mayor, ayudando a mantener la utilidad social y por ende su autoestima, confianza y compromiso.

La Fundación Ibsen sobre estudios realizados, afirman que un proyecto de vida “rico” es aquel que desarrolla recursos como el interés por los demás, curiosidad, vida relacional, elección de distracciones, haciendo todo ellos elementos integrantes del carácter que identifica a la persona mayor resiliente y adaptativa.

En un artículo muy interesante, “Un modelo de resiliencia: los centenarios”, Michel (1998) indica otro factor protector: la espiritualidad, ya que existe una relación entre la religiosidad y la salud física o enfermedad, de hecho el sentimiento de que la vida sigue después de la muerte hace a las personas conscientes de su finitud, cuando se acercan al final de la vida, de llenarlos de ese “realismo de la esperanza”.

En conclusión, está en nuestra mano desarrollar emociones positivas, así como estrategias de afrontamiento positivas abiertas a la experiencia: autoeficacia, autocontrol, espiritualidad, optimismo, etc., e intentar mantener un funcionamiento cognitivo, físico y social sano, que contribuyan a dar sentido al día a día de nuestros mayores. Sin duda, nadie lo expresó mejor que el gran pediatra Robert Debré, fallecido a los 96 años, quien al final de su vida decía: “Cada mañana me obligo a vivir, cada noche me felicito por haber vivido”.

Bibliografía

Cyrulnik, B y Ploton, L. (2018). Envejecer con resiliencia: Cuando la vejez llega. México. Gedisa Editorial.

Jiménez Ambriz M.G. La resiliencia, el tesoro de las personas mayores. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2011. doi:10.1016/j.regg.2010.12.002

López, L. (2015). Diseño e implementación de talleres y contenidos digitales de ámbito cultural para pacientes con Alzhéimer y otras demencias. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid.

Rubio, J.L y Puig, G. (2015). Tutores de Resiliencia: Dame un punto de apoyo y moveré mi mundo. Barcelona. Editorial Gedisa, S.A.

Sabater, V. (2018). El sentido de la vida según Viktor Frankl. Blog La Mente es Maravillosa, extraído de https://lamenteesmaravillosa.com/el-sentido-de-la-vida-segun-viktor-frankl/

Mayte Vázquez Resino
www.linkedin.com/in/mayte-vázquez-resino-6a615336

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Artículo: «Actividades intergeneracionales: querer, integrar y cooperar» de la actual vicepresidenta de la A.E.P.G, Clara Díaz Henche para Geriatricarea

Artículo «Actividades intergeneracionales: querer, integrar y cooperar» de la actual vicepresidenta de la A.E.P.G, Clara Díaz Henche, publicado para Geriatricarea, el portal para los profesionales del sector geriátrico.

Clara Díaz Henche, actual vicepresidenta de la Asociación Española de Psicogerontología.

«Actividades intergeneracionales: querer, integrar y cooperar»

(Geriatricarea, 5 de Junio de 2019)

Está ampliamente demostrado que las actividades intergeneracionales proporcionan a mayores y jóvenes aprendizajes y experiencias que suponen un beneficio a nivel cognitivo y emocional. Estas actividades, si además se realizan con personas con las que se mantiene un vínculo afectivo, la experiencia proporcionada se intensifica y se potencian, aún más si cabe dichos aprendizajes.

La contra del siglo XXI en este aspecto es la gran brecha de actividades de interés que puede darse entre mayores y jóvenes o niños. El coste cognitivo que supone para mayores adentrarse en las nuevas tecnologías puede chocar con la familiaridad de los nativos tecnológicos. No obstante, esto no debería suponer un problema, ya que la relación de enseñanza es una de las actividades estrella de las relaciones intergeneracionales, de tal manera que niños y jóvenes pueden ayudar a los mayores a desenvolverse con las nuevas tecnologías, y estos a su vez, servir de mentores en otras actividades que manejen.

Se trata de encontrar el punto de unión exacto entre ellos, atender a sus motivaciones y promover actividades que satisfagan las inquietudes afines. Para ello es necesario el diálogo previo, conocerse, conversar, encontrar puntos de unión… Esta es la antesala de una buena praxis intergeneracional.

Las actividades intergeneracionales proporcionan a mayores y jóvenes aprendizajes y experiencias que suponen un beneficio a nivel cognitivo y emocional

Partiendo de esta base, en la que las actividades deben ajustarse a las personas implicadas, a continuación se proponen algunas iniciativas que podrían servir como escenarios intergeneracionales.

Lejos de pensar en una actividad estructurada, la creación de espacios compartidos y cooperativos es la propuesta que más promueve este tipo de relaciones. En el Blog Serendipity-psico se recomienda, por ejemplo, una libre disposición en la mesa en reuniones familiares, donde exista la posibilidad de que un niño de 8 años tenga a su alrededor a una persona de 80, de 50 y de 30. El propósito es evitar las “mesas de niños” y las zonas adultas infranqueables.

Otras de las actividades estrella para personas de cualquier edad son las relacionadas con el entorno natural. Una ruta senderista de nivel ajustado a mayores y pequeños puede facilitar en los niños y jóvenes la conciencia de que una persona mayor puede realizar determinadas actividades de las que muchos prejuicios y estereotipos alejan. Y a los mayores, enseñarles que niños y jóvenes son capaces de disfrutar con otro tipo de actividades al margen de cables y pantallas. Además, esta actividad da lugar a que los participantes conversen y una vez más compartir pensamientos, ideas, puntos de vista, aprendizajes y a brindarse ayuda mutua.

Promover actividades de la vida diaria de manera conjunta es otra de las propuestas con las que más disfrutan mayores y pequeños. Cocinar, crear y cuidar un jardín o un huerto, realizar actividades para el mantenimiento de exteriores como regar, barrer hojas caídas o podar un árbol, realizar la compra en el supermercado o salir a comprar ropa u otra necesidad, hacer un recado, coser… Existen multitud de actividades pero aquí si será necesario hacer mayor hincapié en atender a los gustos y preferencias, ya que de poco sirve cocinar un plato que no guste a alguno de los participantes o realizar una actividad que no motive. Será necesario acordarlo previamente para evitar que la actividad suponga una obligación para los participantes y no se consigan los beneficios esperados.

El aspecto positivo de las actividades intergeneracionales es que son ellos quienes deciden cómo quieren pasar el tiempo y eso supone de base ya una dosis de motivación. Como se ha expuesto, no es necesario programar grandes iniciativas, ni se requiere de grandes recursos; basta con querer, integrar y cooperar.

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