“La soledad que no siempre es una mala compañía”, articulo de La Vanguardia, con reflexiones de Ana María González Jiménez, actual presidenta de la A.E.P.G.

El artículo “La soledad que no siempre es una mala compañía” publicado en La Vanguardia, cuenta con las aportaciones de Ana María González Jiménez, la actual presidenta de la A.E.P.G.

(La Vanguardia, 28 de Enero de 2018)

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Desde la A.P.E.G, Ana María González Jiménez, psicogerontóloga y presidenta de la Junta Directiva comparte una reflexión más profunda sobre la realidad de la soledad en las personas mayores y las repercusiones psicológicas que esto conlleva.

soledad

La soledad es un sentimiento, una reflexión consciente sobre la situación personal y supone una vivencia multidimensional experimentada por la persona de forma independiente a encontrarse físicamente solo. Por tanto, debemos diferenciar la soledad objetiva (relacionado con estar solo), que puede ser permanente o temporal, de la soledad subjetiva (sentirse solo) en cuyo caso se trata de un sentimiento desagradable al no ser deseado. Así, en cuanto a la valencia emocional de la experiencia, existen incluso diferencias significativas entre la soledad esperada en etapas de la vida como tras la jubilación, y la soledad no planificada que se experimenta tras la pérdida del cónyuge y que supone una vivencia dolorosa.

De forma general, el deterioro de las relaciones familiares y la menor participación en actividades placenteras han sido relacionadas como las principales causas para la aparición del sentimiento de soledad subjetiva.  En este sentido, la pérdida de autonomía facilita el descenso de la participación en actividades sociales y/o individuales gratificantes. Por tanto, las acciones principalmente deben ir encaminadas, por un lado a concienciar sobre la importancia de mantener relaciones interpersonales estrechas a lo largo de la vida que proporcionen una red de apoyo estable y segura, y a facilitarlas por parte de los diversos agentes sociales cuando no se dispone de ella. Por otro, encaminadas a promocionar la participación social de las personas mayores en actividades gratificantes que sean incompatibles con los pensamientos negativos asociados a la soledad subjetiva.

Durante el envejecimiento acontecen una serie de cambios biopsicosociales entre los que se experimentan tanto pérdidas como ganancias pero que en última instancia se constituyen en amplias diferencias individuales significativamente influenciadas por el estilo de vida personal, como evidencian multitud de investigaciones. Por eso se encuentra actualmente tan extendida la filosofía del envejecimiento activo y el desarrollo de acciones dirigidas a su promoción y aplicación. No obstante, en la esfera social, los estudios señalan que las personas mayores son más selectivas en las relaciones interpersonales que valoran como más estrechas y más gratificantes, siendo éstas principalmente las mantenidas con los familiares, especialmente con los nietos y los hijos. Esto, sin duda, suele implicar la reducción de la red de apoyo percibida.

El significado que la persona atribuye a sentirse en soledad varía de unas personas a otras, ya que algunas la definen como sentimiento de tristeza y vacío, otras a no disponer de nadie a quien pedir ayuda y otros la relacionan con la pérdida de un ser querido. Este significado condicionará la forma de manifestar el sentimiento de soledad pero con mayor probabilidad serán personas que no participarán en actividades sociales, se mostrarán más pasivas en las actividades diarias, mostrarán un aspecto físico más descuidado, desarrollarán estilos de alimentación que desemboquen en deficiencias nutricionales, reducirán el número de consultas por motivos de salud, etc.

A pesar de que en las encuestas se evidencia que la sociedad actual reconoce a las personas mayores que viven solas como colectivo que debería estar más protegido y se muestra ampliamente partidaria a que las administraciones publicas desarrollen acciones que les protejan, la soledad de las personas mayores sigue siendo un problema in crescendo. El número de personas mayores de 65 años que viven solas en España ha aumentado hasta un 26% con respecto a hace 10 años, siendo actualmente más de 1.800.000 personas. A su vez es alarmante el aumento de los casos de personas de más de 85 años. El primer paso para hacerle frente comienza por visibilizar y concienciar sobre su existencia como un problema social real con implicaciones dramáticas para quien la padece, cuyo abordaje, en mayor o menor medida es responsabilidad de cada uno de nosotros. Nuestro actual estilo de vida más individualista nos dificulta mantener esa cercanía con nuestro entorno más inmediato, estar en alerta ante posibles casos y servir como red de apoyo para quien puede estar necesitándolo en silencio.

Con cierta periodicidad se realizan campañas de concienciación sobre esta realidad que se difunden a través de los diferentes medios de comunicación y se promocionan la importancia de mantener relaciones interpersonales a lo largo de la vida y de contribuir a través del voluntariado a reducir el número de personas que se encuentran en soledad. En este sentido es muy importante el trabajo que desempeñan asociaciones como la que realizan la Fundación Amigos de los Mayores.

Nuestro actual estilo de vida, que prioriza las necesidades y metas individuales y la imagen negativa que aún persiste sobre la vejez no contribuyen favorablemente, si no que dificultan, que las personas mayores sean integradas en la vida social.

En los periodos vacacionales como Navidad o en los meses de verano, debido a los desplazamientos de familiares y del entorno más cercano, las personas mayores son más vulnerables a sentirse solos. Por este motivo en estas épocas se duplican los esfuerzos para visibilizar y atender a los casos que sufren de soledad.

Cuando la persona mayor dispone de una red social de protección, las necesidades financieras y la gestión de los recursos económicos son permanentemente supervisadas. Si estas dificultades aparecen, su red de protección puede brindarles el asesoramiento y el apoyo económico que necesiten. Sin embargo, las personas sin red de protección tendrán con mayor probabilidad escasez de recursos y esto, a su vez, seguramente les hará sentirse aún más solos.

Previsiblemente el número de personas mayores que vivirán solas en las próximas décadas seguirá en aumento. Esto no implica que necesariamente se sientan solas. Por el contrario, en nuestras manos esta establecer y mantener relaciones interpersonales estrechas durante toda la vida, cuidar las relaciones con nuestros familiares y nuestro entorno más cercano e implicarnos en actividades sociales gratificantes (por ejemplo, a través del asociacionismo) que nos mantengan integrados en la sociedad.

En la actualidad, el servicio de teleasistencia, es un recurso utilizado de forma frecuente que posibilita que las personas mayores dependientes puedan contactar de forma inmediata con un agente en caso de emergencia, además de proporcionar un seguimiento permanente e intervenir si es necesario. En materia de recursos dirigidos a personas dependientes es imprescindible mencionar el Servicio de Prevención y Autonomía Personal de Atención a la Dependencia (SEPAD) cuyos muchos de sus dispositivos se encuentran en zonas rurales aisladas con escasez de población y de recursos (por ejemplo, en Castilla La Mancha) por lo que permiten a sus usuarios mantener contacto social con su entorno, además de beneficiarse de las actividades de promoción de la autonomía y prevención de la dependencia. El Sistema para la Autonomía y Atención a la dependencia (SAAD), dependiente del IMSERSO, es otro de los recursos que proporciona. En  el mes de Septiembre de 2017 se recogieron 1.684.673 solicitudes para las ayudas de este sistema, de la cuales han sido reconocidas como beneficiarias 1.239.043 personas, y en concreto en Catalunya se han reconocido 223.362 beneficiarios (de 301.722 solicitudes). Por otro lado, el respaldo institucional y el apoyo económico por parte de las administraciones públicas a las asociaciones dedicadas al colectivo son realmente imprescindibles para muchas de ellas para poder implementar diferentes programas de intervención. No obstante, todos los sistemas de protección y atención tienen sus carencias por lo que es necesario seguir reclamando mayores y mejores recursos socio económicos para las personas mayores dependientes y sus cuidadores.

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Publicado en: Noticias
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