Sexualidad en la vejez: El asistente sexual, una figura imprescindible.

 

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Según Villar, Triadó, Celdrán, Fabà (2017), en su reciente investigación sobre sexualidad y personas mayores institucionalizadas, hacen hincapié en la importancia de tener en cuenta tanto la perspectiva de la persona mayor como la de los profesionales de atención directa que los acompañan, coincidiendo así, con las valiosas aportaciones de Teresa Martínez sobre esta temática.

Envejecer es un fenómeno natural, universal y progresivo que ocurre al final del ciclo vital. Durante este proceso suceden cambios biológicos, fisiológicos, modificaciones psicológicas y alteraciones sociales, que inevitablemente afectan al ser humano como ser integral. El cambio no es sinónimo de enfermedad, aunque es cierto que algunas capacidades pueden mermarse con el transcurso de los años, otras muchas se mantienen, mejoran, o simplemente, se modifican. Estos cambios se hacen visibles también en la sexualidad. Envejecer no tiene que significar el final de la actividad sexual.

Hablar de sexo durante la vejez es una tarea ardua por ser una cuestión poco conocida y, en multitud de ocasiones, maltratada e incomprendida por la sociedad. Es un tema que se considera tabú y, en la mayoría de los casos, se prefiere no hablar del tema, incrementando así los prejuicios relacionados con la sexualidad durante la vejez e incentivando en los mayores sentimientos de culpabilidad y vergüenza ante su deseo sexual por considerar que lo que siente no es normal (Leyva, 2008).

 

¿Qué es la Sexualidad exactamente y cuáles son los beneficios de la actividad sexual?

La sexualidad es una dimensión del ser humano que nos acompaña durante toda nuestra vida. Es la forma en que nos expresamos y nos experimentamos como seres sexuados, por lo que no sólo se limita a la actividad sexual. Abarca también aspectos como la identidad, roles de género, la orientación sexual, el erotismo, la intimidad, nuestros pensamientos, creencias, actitudes y valores sobre la sexualidad, el deseo, las fantasías.

El deseo de sentir, ser seducido, expresar afectos o alcanzar una fantasía sin soñar, son sensaciones inalterables, permanentes en el tiempo, y posibles a cualquier edad. En las personas mayores, los afectos sexuales (deseo, atracción y enamoramiento) y los sociales (apego, amistad y cuidados) permanecen activos toda la vida, tanto como la posibilidad de amar o ser amado (López, 2012). El mantenimiento de la actividad sexual en la vejez contribuye a la salud y calidad de vida. Entre los beneficios encontrados existen (López, 2012):

  • Activación cerebral positiva de sustancias que mejoran el humor y dan ganas de vivir.
  • Es una actividad respiratoria y muscular adecuada, salvo en momentos de contraindicación médica.
  • Aportan momentos de gozo y placer.
  • Mejora la relación con la pareja.
  • Provoca sentimientos de ternura, cariño, afectos amorosos, comunicación, etc., contrarrestando el sentimiento de soledad.
  • Mejora el sueño.
  • Se liberan endorfinas que neutralizan las hormonas del estrés y protegen de enfermedades cardiovasculares.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la “salud sexual” es: un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad; no es sólo la ausencia de enfermedad o disfunciones. La salud sexual requiere de un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coacción, discriminación y violencia.

 

¿Qué y cómo podemos favorecer el derecho a la sexualidad en las personas mayores?

Con este artículo, no pretendemos incrementar la práctica sexual de las personas mayores en las residencias e intentar normalizar un tema que para la población mayor de ahora ha sido un tema muy cerrado por el tipo de educación represiva de antaño. No obstante, pretendemos poner en valor una dimensión humana que muchas veces se ha omitido e ignorado como un derecho de todas las personas, incluidas las personas mayores y que aporta grandes niveles de bienestar y consecuencias positivas para el ser humano.

Dicho esto, para que la salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos con total libertad. Esa libertad debe ser asumida con responsabilidad y ética con uno mismo y con los demás.

Se entiende que pueden existir situaciones, donde la preservación de la salud sexual se vea dificultada. Como por ejemplo, en el caso de personas mayores que viven en residencias y la tendencia a desarrollar una actitud paternalista en el cuidado por parte del entorno familiar y de los profesionales de la salud.

Por este motivo, es importante que tanto las organizaciones que atienden a personas mayores, ya sean residencias o servicios de atención a domicilio, adopten una visión global, integral, centrada en la persona, donde haya calidad asistencial. Para conseguirlo, es fundamental que se orienten los servicios a la calidad de vida de las personas y se ofrezcan planes formativos especializados en esta materia para proporcionar herramientas tanto a los profesionales como a las propias familias y, así, poder gestionar de la forma más digna posible estas situaciones.

Así pues, según lo que Villar et al. (2017) exponen en sus conclusiones es verdaderamente importante conocer todo el proceso vital por el que ha pasado la persona, así como retardar el proceso de institucionalización y fomentar la comunicación entre profesionales. De hecho, una de las opiniones que tienen los participantes de su estudio es que la normativa de los centros residenciales en relación a la sexualidad “debería ser planteada entre los diferentes agentes implicados en la vida en una residencia: profesionales, familiares y residentes.”

En resumen, los profesionales podemos hacer lo siguiente:

  1. Conocer la Historia de vida: comprender la biografía de las personas es fundamental en primer lugar para ofrecer un trato personalizado pero en segundo lugar y en relación al tema que tratamos es imprescindible para entender el comportamiento de los adultos mayores e intervenir si es necesario.
  2. Retardar el Ingreso: el ingreso en un centro residencial depende claramente de la situación por lo que es muy importante contemplar las necesidades personales así como las dificultades contextuales, familiares y clínicas; así pues, es una cuestión decisiva que influye directamente en el bienestar personal -tanto de la propia como de la familia cuidadoras- por lo que en la medida de lo posible es recomendable preservar la autonomía del adulto mayor en su propio contexto con el fin de favorecer también su intimidad.
  3. Fomentar la comunicación y participación de los equipos: la participación de los equipos en la gestión y funcionamiento del recurso, es fundamental para generar dinámicas de mejora continua. Para ello, es crucial que el equipo de trabajo desarrolle una metodología adecuada y sistematizada, acordes a los objetivos de trabajo. La participación de los equipos, proporciona una mayor motivación y fidelización, permitiendo mejorar la calidad de las relaciones y una mejor calidad asistencial y calidez humana. Algunas técnicas a tener en cuenta serían las reuniones interdisciplinares, actividades informales socializadoras, de ocio, etc (Bermejo, et al., 2009).

Para profundizar más sobre el tema, se recomienda que se consulten:

  • Guía nº3 de Fundación Pilares. Sexualidad en entornos residenciales de personas mayores. Guía de actuación para Profesionales (Villar, Celdrán, Fabà, Serrat, Martínez, 2017)
  • Guía de Buenas prácticas en residencias de personas mayores en situación de dependencia (Bermejo, et al., 2009).

Sexualidad y Demencia: ¿Qué es el comportamiento sexual inapropiado?

En relación a las enfermedades neurodegenerativas, según Johnson, Knight y Alderman (2006) citado por Villar et al. (2017), “la demencia puede facilitar la aparición de lo que se conoce como comportamientos sexualmente inapropiados”, dicho comportamiento hace referencia a “actos verbales o físicos de naturaleza sexual explícita o percibida que resultan inaceptables en el contexto en el que se dan”. Y es que, en numerosas ocasiones puede estar relacionado con los tratamientos psicofarmacológicos. De hecho, los autores Series y Dégano (2005), hace 12 años, expusieron ya en aquél entonces que las benzodiacepinas podían ocasionar una desinhibición sexual tanto en personas sanas como en personas con demencia, además de la levodopa cuyo efecto podría desencadenar hipersexualidad en personas con la Enfermedad de Parkinson.

La  Asistencia Sexual: la Figura del Asistente Sexual

La asistencia sexual es una realidad con más de veinte años de experiencia en Alemania, Holanda, Dinamarca, Suiza; Francia está en proceso de legalizarla, aseverando la viabilidad de la propuesta.

Muchos Estados consideran la asistencia sexual como un servicio más a favor de la salud integral, cubriendo los costes en su totalidad o financiando emprendimientos de asociaciones en tal sentido. Sin embargo, en muchos otros países, el tema es completamente desconocido o rechazado sin las previas y necesarias consideraciones (Mateos, 2013; Arnau Ripollès, 2017).

Según Asistencial Sexual (2017):

¿Qué entendemos por asistencia sexual?

Es un tipo de trabajo sexual que consiste en prestar apoyo para poder acceder sexualmente, al propio cuerpo o al de una pareja. La persona asistente no es alguien con quien tener sexo si no alguien que te apoya para tener sexo contigo mismo o con otra persona. La persona asistida decide en qué y cómo recibe apoyo.

En definitiva, tiene como objetivo explícito favorecer el empoderamiento de la persona, con necesidad de apoyos generalizados permanentes, en su ámbito sexual, entiéndase a lo largo de su ciclo vital.

¿Qué tipo de tareas lleva a cabo el asistente sexual?

Aquellas que la persona asistida no puede hacer por sí misma: explorar su cuerpo, masturbarse, conseguir posiciones y/o movimientos en prácticas sexuales con otra persona.

El objetivo principal del asistente sexual es  promover un “capacitismo con apoyo”, centrándose en el plano sexual.

¿Por qué el interés de esta figura en la vejez?

De igual modo que las personas con diversidad funcional institucionalizadas, las personas mayores que viven en una institución, son también víctima de una construcción de su existencia percibida desde una cultura de sumisión y asistencialismo que le ha privado de su plena ciudadanía. Es una realidad que, tanto las personas mayores como las personas con diversidad funcional, conviven con limitaciones que les dificulta y restringe su participación en la comunidad, así como ejercer su derecho de disfrutar de su sexualidad. En éste sentido, la figura del asistente sexual es imprescindible para romper con dichas limitaciones en el desarrollo como seres sexuados.

En nuestro país, afloran proyectos que van en ésta línea. La asociación Tandem Team Barcelona[1], es un ejemplo a seguir. Ésta es miembro de la European Platform Sexual Assistance y se definen como “una asociación sin ánimo de lucro cuya meta es impulsar, colaborar y promover proyectos en pro de la defensa de la diferencia y la diversidad en cualquiera de los dominios de expresión humana (social, cultural, sexual, laboral o económica) con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas con diversidad funcional”. Asimismo, también existe en nuestro país la Sex Assistent Europa -coordinado por Rafa Reoyo-, que además tiene repercusión en Francia, Italia y Latinoamérica.

Tal y como expresan Malón Marco (2009), no puede haber una dignidad humana si no es una dignidad sexuada. En éste sentido, determinadas prácticas sexuales que tienen que ver con el autoerotismo y la realización de acto sexual entre personas diversas, es un derecho humano.

Marcelo Nuss, decía “reconocer la sexualidad de las personas con discapacidad es reconocer su humanidad y la plena legitimidad de su ciudadanía” (Arnau Ripollès, 2017).

Finalmente, es importante evitar edadismos y descartar falsos mitos anclados en la vejez que no tienen ningún tipo de fundamento, más allá de centrarse en prejuicios y valores culturales represores.

Es imprescindible que se reconozca un modelo basado en los derechos humanos en vez de un modelo meramente asistencial.

Conclusión: La Sexualidad no tiene fecha de caducidad y debemos formar parte para su solución.

En el presente artículo hemos hablado de personas mayores y de diversidad funcional, y en ambos casos todo lo relacionado con la sexualidad es un tabú y son los profesionales de atención directa (auxiliares de enfermería, gerocultores, psicólogos, enfermeras, terapeutas ocupacionales, educadores sociales, etc.), quienes se encuentran con situaciones difíciles de gestionar dónde intervienen, en muchas ocasiones, conflictos éticos puesto que quedan en juego la identidad, las creencias, los valores y sobretodo, la intimidad. Es verdaderamente importante tomar conciencia para con el objetivo de reaccionar adecuadamente, puesto que los afectos sexuales (deseo, atracción y enamoramiento) y los sociales (apego, amistad y cuidados) permanecen activos toda la vida, no tienen fecha de caducidad y no se deteriora con el curso de la demencia.

En éste sentido, no se trata pues de propiciar un incremento de las prácticas sexuales, puesto que somos conscientes que sería incongruente a causa del gran tabú intrapersonal e interpersonal, a la educación represiva de antaño. No obstante, sí que se trata de reivindicar el derecho a ejercer la libertad de cada uno para decidir si quiere o no expresarse como ser sexuado. ¿A caso ese derecho se pierde cuando estás institucionalizado o estás en situación de dependencia? ¿Dejás de ser persona?. Se deben de fomentar cambios dentro de las instituciones y otros recursos destinados al cuidado de los mayores (startups de atención a domicilio, centros de atención diurna…) hacia modelos de calidad de vida, donde se garanticen los derechos humanos, la personeidad, la intimidad y se enfatice por encima de todo, la libertad de la persona mayor para tomar decisiones en su vida cotidiana, incluyendo su plano sexual como una dimensión influyente en el bienestar personal.

Según aportaciones de Villar et al. (2015ª, 2014b), había dos medidas imprescindibles a tomar en cuenta para tomar acción:

  1. “Formar mejor a los profesionales” en cuestiones relacionadas con la sexualidad en la vejez y con la sexualidad en entornos residenciales. Porque hemos de tener en cuenta que son los profesionales (dirección, equipo técnico, auxiliares, etc.) quienes están en contacto directo con los mayores y deben asesorarlos y apoyarlos en relación con su sexualidad. Puesto que ellos deben velar por satisfacer cualquier tipo de necesidad que incremente su bienestar.
  2. “La formación debe tener lugar en un entorno institucional adecuado. Hemos de avanzar hacia la presencia de políticas y regulaciones, por parte de la dirección de las residencias y de las instancias que las supervisan, que explícitamente recojan medidas para formar, informar, garantizar y promover los derechos sexuales de los residentes, así como la aceptación de la diversidad sexual dentro de las residencias, dentro de un contexto de respeto mutuo y convivencia.”
  3. Elaborar directrices y protocolos formales de actuación en relación a la expresión sexual en los centros institucionales.

En éste sentido y llegados a éste punto, no hay que olvidar que es imprescindible que haya un trabajo interdisciplinar, con vías de comunicación fluidas y horizontales, en el que el eje central de su trabajo, sea el empoderar a las personas en situación de dependencia a ejercer plenamente sus derechos, incluyendo el derecho a disfrutar de una vida sexual plena.

Para concluir dicho artículo, recordar unas palabras de uno de los investigadores que lleva más años estudiando el desarrollo sexual, afectivo y social de las personas, Félix López.

 “Las personas mayores también pueden tomar decisiones, su sexualidad está en el reino de la libertad. Por eso estamos contra los modelos represivos y contra los modelos prescriptivos” (López, 2012).

 

Ivaìn Saìnchez

Iván Sánchez1 autor principal

Psicogerontólogo en la Residencia La Ginesta. Experto en el método de validación de Naomi Feil y Experto en trastornos afectivos. Docente en certificados de profesionalidad del área de dependencia.

 

 

Sandra PaÌmies2

Sandra Pàmies2 colaboradora

Psicóloga, Gerontóloga Social. Autora del Proyecto Psicogerontología y Auxiliares [auxilioauxiliares.es]

 

Referencias

Asistencia Sexual (2017). Asistencia Sexual. Disponible en https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual/.

Arnau Ripollès, S. (2017). El modelo de asistencia sexual como derecho humano al autoerotismo y el acceso al propio cuerpo: un nuevo desafío para la plena implementación de la filosofía de vida independiente.

Bermejo, L., Martínez, T., Díaz, B., Maños, Q., & Sánchez, C. (2009). Buenas Prácticas en residencias de personas mayores.

Mateos, R. (26/01/2013). Del Intervencionismo a la Prohibición. La Vanguardia.

Leyva-Moral, J. M. (2008). La expresión sexual de los ancianos: Una sobredosis de falsos mitos. Índex de enfermería, 17(2), 124-127.

López, F. (2012). Sexualidad y afectos en la vejez. Madrid: Pirámide.

Series, H., Dégano, P. (2005). Hypersexuality in dementia. Advances in Psychiatric Treatment, 11 (6), 424 – 431.

Villar, F., Triadó, C., Celdrán, M., Fabà, J. (2017) Sexualidad y Personas Mayores Institucionalizadas: la perspectiva del residente y la perspectiva del profesional. Madrid: Fundación Pilares.

Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (07/08/2017). TV3 a la carta, Sense Ficció, Jo també Vull Sexe. Barcelona: CCMA. Recuperado de: http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/sense-ficcio/jo-tambe-vull-sexe/video/5634098/.

Villar, F. (2015ª). La sexualidad en entornos residenciales: una cuestión de derechos y calidad de vida. Disponible en: http://acpgerontologia.blogspot.fr/2015_11_01_archive.html. Consultado el 6 de noviembre de 2017.

Villar, F., Fabà, J., Celdrán, M., & Serrat, R. (2014). Regulación de la expresión sexual de los mayores ingresados en residencias: la visión de los profesionales. Revista española de geriatría y gerontología, 49(6), 272-278.

 

Recursos digitales

Documental Jo també vull sexe. Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (07/08/2017). TV3 a la carta, Sense Ficció. Barcelona: CCMA. Recuperado de: http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/sense-ficcio/jo-tambe-vull-sexe/video/5634098/.

[1] La Asociación Tandem Team [www.asocaciontandemteam.com] ha colaborado recientemente en Agosto de 2017 en el documental “Jo també vull Sexe” mediante la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (TV3 a la carta).

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